Un pequeño todo terreno, canciones de Radio Futura sonando por los megáfonos y apenas 500 osados embarcados en una iniciativa que buscaba, más que otra cosa, disfrutar y dar a conocer nuestro desierto. Ése, en pocas imágenes, es mi recuerdo de la primera Extreme Bardenas de 1998 en la que la ilusión de Carlos Juan, Manuel, Manolo, Juanjo y Jesús, entre otros, al frente de una decena de locos del Club Ciclista Arguedano (que apenas contaba con 4 años de vida) podía con cualquier problema de organización. Los rostros, los saludos y las risas hacían evidente que todos aquellos bikers se conocían y maravillaba la facilidad con la que Jesús Rapún, que hacía de director de carrera en los primeros años, iba recitando uno a uno los parajes por los que transitábamos. Con el tiempo he ido descubriendo que pocos riberos sienten tan suya la Bardena como los arguedanos y valtierranos, criados desde niños a sus pies para conocerla sin cortapisas. Ese recitar de nombres de cabañas, barrancos, montes, caminos, subidas, desfiladeros no ha dejado de maravillarme ya que a ojos de un profano resulta difícil diferenciar una esquina de la Bardena Blanca de otro.
Recuerdo que la prueba en su primera edición apenas tuvo repercusión en la prensa, pero en la segunda decidí seguir de cerca la aventura de aquellos 500 valientes y subirme a la trasera de un vehículo todoterreno que, por entonces, era un pequeño coche con unos bafles en la parte de atrás y tras el cual no había más de un par de motos y, al comienzo, ni siquiera coches de asistencia o coches escoba.
Aquellos primeros años tenían la esencia de lo artesano, de la colaboración, de la ayuda desinteresada de empresas y algunas instituciones pero también el esfuerzo titánico de quienes durante medio año se afanaban en dedicar largas horas, después de terminar su jornada laboral, en tejer y diseñar lo que ya se auguraba que, bien organizada y explotada, podía convertirse en lo que, 20 ediciones después, es una realidad: El principal atractivo deportivo de la Ribera que reúne cada año a 1.500 bikers y, con ellos, unas 3.000 personas que les acompañan (Arguedas dobla su población en esos días). De hecho, su presencia y estímulo mantuvieron vivo durante los peores años de la crisis el motor económico de una localidad como Arguedas que, por naturaleza, se vuelca con sus invitados y los convierte en vecinos.
No hubo arcos publicitarios, apenas regalos ni bolsa de corredor en aquel 1998. Muchos de los vecinos entonces ni siquiera se enteraron de su celebración y la serpiente multicolor que cruzaba al alba las calles coincidía con mujeres que recogían el pan (y se apartaban con una mezcla de curiosidad y extrañeza), y con jóvenes que volvían de una larga noche de juerga. Improvisación, detalles a mejorar, una joya en potencia pero también el sabor de lo cercano, lo espontáneo y lo auténtico. Desde aquella I Extreme Bardenas he tenido la suerte de no faltar a ninguna, siempre subido a la grupa de la cabeza de carrera con mi compañera Nieves Arigita tratando, desde la comodidad de la cámara de fotos, de meterme y sufrir con el pelotón. Intentando adentrarnos en las conversaciones, las dificultades, los sueños, las intenciones de triunfo y en los rostros de las cerca de 15.000 personas distintas que durante estas 20 ediciones han atravesado la Bardena. Dentro de esa gran ola de ciclistas, atravesando las distintas bardenas, se han podido retratar cerca de la Ralla y el Rallón, posado en Castildetierra, sumergido en la arena de los barrancos, padecido el sol en el plano, disfrutado de los paisajes de la Negra, curioseado cuando se atravesaba el campo de tiro del Polígono, trepado por Las Yeguas, lanzado a pecho descubierto por Landazuria, rodeado El Ferial o presumido de sus hazañas en otras pruebas. En ese pelotón, gracias a la experiencia de 20 ediciones, somos ahora capaces de reconocer un centenar de bikers con los que hemos compartido y coincidido en la prueba año tras año y que, después de tanto tiempo, se sienten casi unos arguedanos más.
Pese a todo, en esencia, poco ha cambiado lo que rodea a la Extreme desde que en 1998 diez arguedanos alocados pusieran en marcha la idea de crear una prueba de mountain bike en su casa aprovechando los recursos naturales de la Ribera. Ha crecido y madurado, eso sí, hasta convertirse en un monstruo de cien cabezas que resulta difícil de dominar pero que cada año se consigue con tesón, mucho trabajo y las mismas dosis de esfuerzo que al principio. En aquella primera salida acudieron unos 500 bikers que querían conocer la Bardena, un lugar que muchos desconocían y al que, parecía, solo hacían caso los franceses. Hoy la cifra suele superar los 1.500 en cada edición y aunque la música se ha dejado aparte, la cordialidad y el afán competitivo se palpa al paso del pelotón por las calles de Arguedas.
Pero hablar de Extreme, de Bardenas, de Mountain Bike o de Arguedas y no nombrar al Club Ciclista Arguedano es un contrasentido. La prueba y el esfuerzo de tantos de los bikers que lucen el maillot verde y negro ha tenido su recompensa y 20 ediciones después el número de socios supera el centenar, e incluso muchos de ellos ni siquiera son de la localidad. El Club Ciclista Arguedano se fundó el 6 de mayo de 1994, por un grupo de 25 amigos apasionados del deporte de la Bicicleta de Montaña, hoy en día cuenta con 150 socios, de los cuales 125 son hombres y 25 mujeres. La intención de aquellos que se agruparon era preparar, de una forma más organizada, las salidas en grupo por las Bardenas y sus alrededores. Poco a poco, algunos de sus socios fueron asistiendo a pruebas de media y larga distancia, y es ahí donde vieron viable el preparar una prueba similar en un paraje tan incomparable como son Las Bardenas. Tras la creación del club, citas anuales como la Javierada, travesías como la Cañada de los Roncaleses, sierras de la comarca en Pamplona y hasta la Quebrantahuesos, pasaron a formar parte de su calendario habitual y con ello aprendieron cómo querían preparar una prueba similar en un escenario incomparable como el que tienen a la puerta de sus casas. Cuando en 2007 la criatura cumplió su décima edición, lejos de dormirse en el éxito, el CC Arguedano se embarcó en más trabajo y decidió concebir una segunda criatura, naciendo así la Media Extreme que, diez años después, está plenamente consolidada.
Desde la trastienda y la cercanía al pelotón, en estos años se ha podido vivir de todo, averías en el coche de carrera que obligó a parar la prueba, descensos vertiginosos en los que los ciclistas adelantaban al vehículo de cabeza, terribles caídas, ciclistas invidentes pero sobre todo sufrimiento, entrega, dolor, frustración, satisfacción, asombro o cansancio en cada uno de los participantes que han tenido que padecer fuertes vientos, temperaturas de más de 40 grados, lluvia o frío para conocer de cerca las cambiantes y desconocidas Bardenas en condiciones climatológicas extremas que, en ocasiones, les convertía en extraterrestres ante los objetivos de las cámaras. Sería interminable citar los nombres de todos aquellos conductores que han guiado con extraordinaria pericia la cabeza de carrera, pero merecen un apartado especial porque son parte importante del éxito de la prueba, sabiendo cómo dominar los impacientes bikers. Junto a ellos, todos los directores que han dirigido la prueba (alrededor de una decena) han sabido calmar la emoción de la carrera, ofrecer la tranquilidad de que todo, desde la primera naranja al último botellín de agua, están bajo control, fuera o no así.
Pese a no tener un carácter competitivo (algo que se lo ponen los 200 primeros en llegar) es difícil abstraerse de las luchas titánicas que se producen en la cabeza de carrera mientras la gran mayoría de los participantes sufren para llegar a los avituallamientos, se enfrentan a averías mecánicas que les obligan a abandonar, o tienen caídas graves o, no pocas veces, golpes de calor. Por este motivo, la labor de la organización es impecable cada año, no sólo porque no dejan a ningún participante sin asistencia, ni se retiran del desierto ribero hasta que todos los que han tomado la salida regresan a Arguedas, sino porque tras finalizar el recorrido examinan los errores que haya podido cometer para tratar de repararlos y solucionarlos.
En estos años el presupuesto ha crecido para ofrecer más servicios y seguridad a los participantes. Las empresas que colaboran se han multiplicado, aunque todas son fieles desde hace muchas ediciones, pero lo que ha permanecido inmutable desde el inicio ha sido la colaboración de los vecinos de Arguedas que viven, como un tesoro propio, la celebración de cada Extreme Bardenas. La ilusión, la paciencia, el trabajo y la cordialidad de los cientos de voluntarios son los que han permitido llegar a esta vigésima edición y son el auténtico escaparate y éxito de la prueba que se ha ganado, por méritos propios, un lugar en las pruebas mejor organizadas de todo el país, dando un nuevo significado a la palabra ‘extrema’: aquella persona que se desvive porque cada año salga adelante la Extreme.

Texto: Fermín Pérez Nievas